- Voces: Dolores Tapia, Abel Membrillo
- Música: Polka Madre
Hay, en la guerra de trincheras, un espacio entre dos frentes llamado “tierra de nadie”. Francotiradores de ambos bandos esperan al primero que se asome para volarle la cabeza. De un lado y de otro se labran túneles y canales que marcan fronteras y pronto se vuelven chiqueros que cultivan enfermedad y hambre. Entre barro y frío, los combatientes viven a medias. Libran una lucha de resistencia de la que nadie, por supuesto, ha resultado vencedor o vencido.
Mujeres y hombres viven a diario esa guerra de trincheras. Muchos son los lisiados –mayoría los del corazón– que no tienen otra opción que pasar los meses donde los enfermos se pudren y los sanos enferman sólo por la espera de que pase algo. Y no pasa nada. Y no abandonan su puesto.
Esa tierra es tierra de renunciación. Mis amigos de un lado y de otro son muertos que llenan zanjas, y no hay quién se atreva a darles santa sepultura porque levantar la cabeza es exponerse a los mortales tiros de precisión de esos otros lisiados –también–, mutilados que ya no saben para quién pelean pero están dispuestos a matar por causas que no conocen
bien.
Qué voluntad de arrancarse la piel, mientras se espera: darse tiros de lejos o de frente, soltar los perros con piojos y fiebre, o el gas mostaza o el napalm, antes que ceder. El amor desata guerras, y del amor vienen los lisiados que ya no están para tratados de paz ni para enamorarse porque saben que lo siguiente es inevitablemente otra guerra. Qué hartazgo. Mejor agachan la cabeza. Mejor no mueven un dedo. Mejor conviven entre muertos o aceptan la muerte con resignación.
Mejor se pudren en las trincheras, atrofiados, antes de intentar el avance hacia el territorio de los otros, igualmente tullidos y maltratados, enfermos enlodados y sedientos de afecto, que en un segundo piden paz y en el siguiente se preguntan: ¿para qué?
Mejor ya no vemos al futuro (y aquí me sumo); mejor no levantamos el fusil; mejor no buscamos acuerdos de paz y nos tragamos la triste sopa de diario. Nos aguantamos la tripa, el fango, la enfermedad y los gusanos. Nos escatimamos el sexo. Con ayuda de los codos nos arrastramos por las calles, sin tocarnos, sin darnos aliento, sin atrevernos a hacer contacto visual con la de enfrente (en mi caso) porque seguro es lisiada como yo, y está presta a firmar un tratado de paz para iniciar, un instante después, otra guerra.
Mejor nos sumimos en los túneles del metro, en las rutas de los camiones, en los avatares de los autos, en el ruido de los bares, en nuestros departamentos y en nuestras casas que son trincheras donde nos pudrimos (otra vez) sin ganas de levantar la mano cuando alguien se atreve, se envalentona y pide voluntarios para avanzar, para conquistar, para cruzar la tierra de nadie y llegar del otro lado con un ridículo pañuelo blanco que se volverá, casi en cuanto cambie de mano, bayoneta de fusil, cañón de carabina, virus de lepra o del sarampión. Mejor nos tomamos diez vodkas.
Mejor nos recluimos a pensar en cómo estalló esta guerra sin sentido entre esos que se desean y no encuentran la manera de entregar los huesos al reposo. Mejor nos resignamos y decimos adiós, una vez más, ante cualquier oportunidad de paz.
Hay, en esta guerra, un espacio en medio de dos frentes que se llama “tierra de nadie”. Estará allí hasta que caiga el último combatiente. Permanecerá, porque no hay quien esté dispuesto a dejar las trincheras, a ser el primero en levantar la cabeza y declararse vencedor, o vencido.

3 mensajes
Felicidades a todos los involucrados en este maravilloso proyecto. Pero sobre todo a Dolores Tapia, quien, como siempre, le ha impregnado su toque muy personal y ya característico.
Que sorpresa tan agradable, es algo super innovador, y Dolores Tapia, simplemente que padre fue escucharte, tuve una regresión al escucharte, una gran señora, completa. Felicidades a todos. Desde Lagos de Moreno.
man que te puedo decir que no te hayan dicho ya, tu música y tus letras me, encantan es refrescante, es relajante es lindo, disfrutar de las letras libres, y los caprichos de los instrumentos musicales. Gracias
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